La Cuaresma es un tiempo en el calendario cristiano para detenernos, examinar nuestro corazón y mirar de frente la cruz. Pero la cruz no es el final de la historia. El cristianismo no se sostiene solo en un Cristo crucificado, sino en un Cristo que murió y resucitó.
En la serie Firmes en la Resurrección, caminamos juntos por 1 Corintios 15, el capítulo donde el apóstol Pablo nos lleva al centro del evangelio. Allí afirma con claridad que si Cristo no resucitó, nuestra fe es vana; pero si Él resucitó, entonces nuestra fe tiene fundamento, nuestra vida tiene propósito y nuestro futuro está asegurado.
La iglesia en Corinto no negaba a Jesús, pero dudaba de lo que la resurrección significaba para ellos. Y cuando una iglesia pierde de vista su esperanza futura, comienza a vivir de manera desordenada en el presente. Por eso Pablo no ofrece una discusión teórica, sino una corrección pastoral: la resurrección no es solo una doctrina para afirmar, sino una verdad para vivir.
A lo largo del capítulo vemos que la cruz nos reconcilia con Dios y la resurrección nos da una esperanza firme para perseverar. Cristo es las primicias de una nueva creación; la muerte no tiene la última palabra; nuestro trabajo en el Señor no es en vano.
Esta serie nos invita a vivir hoy a la luz de nuestro destino eterno. No caminamos solo hacia la cruz, caminamos hacia una tumba vacía. Y porque Cristo resucitó, podemos permanecer firmes, constantes y abundando en la obra del Señor.
Acompáñanos en oración y crezcamos como iglesia, afirmados en la esperanza viva de la resurrección.
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